En la actualidad la salud ocupa un lugar esencial y en torno a ella se articula en buena parte la sociedad de consumo. Últimamente se viene utilizando una concepción de salud más amplia que la tradicional; así la Organización Mundial de la Salud la define como “el estado completo de bienestar físico, mental y social”, quedando de esta manera vinculada a procesos individuales, grupales y culturales. Otros autores han definido también la salud como “el nivel más alto posible de bienestar físico, psicológico y social, así como de capacidad funcional”.
La actividad física tiene un papel central en la salud de los individuos. Los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la salud tanto física como psicológica del hombre constituyen un hecho cada vez más evidente y su estudio se ha abordado desde distintos campos profesionales, encontrándose entre ellos la Medicina, la Psicología y la Educación Física (Márquez, 1995).
Una de las principales razones que justifica la importancia de la actividad física para la salud de los individuos es el incremento del sedentarismo como componente del estilo de vida de la población occidental, provocado por la evolución tecnológica e industrial en el transcurso de este último siglo (Tomás, 1996). Evidentemente los modelos de producción de las sociedades modernas aumentan notoriamente la vida sedentaria.
El sedentarismo, actualmente reconocido como enfermedad conduce a altos niveles de morbilidad, mortalidad y longevidad, conlleva al desarrollo de enfermedades hipocinéticas con manifestaciones de obesidad, trastornos cardiovasculares, alteraciones psíquicas, lesiones traumatológicas, modificaciones en el metabolismo y otras.
Está demostrado que la actividad física reduce el riesgo de padecer afecciones cardíacas, diabetes y algunos tipos de cáncer, permite controlar mejor el peso y la salud de huesos y músculos y presenta indudables beneficios psicológicos.
El ser humano necesita un nivel suficiente de fuerza, resistencia, flexibilidad, destreza para el movimiento y equilibrio para moverse eficientemente, trabajar y actuar sin tensiones ni riesgos indebidos. Las funciones fisiológicas que determinan estas capacidades se deterioran inevitablemente con la edad. No obstante, el deterioro medio de numerosas funciones y capacidades de las personas físicamente pasivas es mucho mayor (en muchos casos cerca del doble) que el de las activas. Por otra parte, tales funciones y capacidades pueden llegar a mejorar sensiblemente mediante la actividad física hasta una edad muy avanzada.
Según el informe “Physical Activity and health” (1996), donde se resumen los resultados de numerosos estudios en la práctica de actividad física como elemento preventivo, se afirma que:
• La actividad física produce numerosos efectos fisiológicos positivos. Su influencia en los sistemas cardiovascular y musculoesquelético es notoria, pero los beneficios para el funcionamiento de los sistemas metabólico, endocrino e inmune son asimismo considerables.
• La actividad física regular y la aptitud cardiorrespiratoria reducen el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular general y por cardiopatía coronaria en particular.
• El nivel de reducción de riesgo de cardiopatía coronaria atribuible a la actividad física regular es similar al de otros factores relacionados con el estilo de vida, como la abstención al tabaquismo.
• La actividad física regular previene o retrasa el desarrollo de la hipertensión arterial y mejora la situación de las personas que ya la padecen.
Además:
• Muchos de los efectos beneficiosos de la práctica de ejercicio, tanto de las actividades de fortalecimiento como de las de resistencia, disminuyen al cabo de dos semanas si la actividad se reduce sustancialmente, y desaparecen transcurridos de dos a ocho meses si no se reanuda.
• Las personas de todas las edades y de los dos sexos experimentan adaptaciones fisiológicas favorables a la actividad física.
Los resultados de numerosas investigaciones indican que la actividad física regular asegura a las personas de todas las edades, tanto hombres como mujeres, unos beneficios evidentes para su salud física, social y mental, así como para su bienestar general, la práctica de una actividad física regular y estable ayuda a mejorar tanto la salud física como la psicológica, incrementando la calidad de vida. Se aceptan como factores determinantes de la salud la alimentación, la actividad física y hábitos nocivos como el tabaco y el alcohol. Los problemas de salud vinculados al estilo de vida pueden ser específicos de una etapa concreta, aunque también pueden estar ligados a múltiples aspectos culturales y sociales. Es por ello que se consideran necesarias las acciones de promoción de la salud vayan encaminadas al conjunto de factores determinantes de la salud ligados al estilo de vida.
Igualmente, es importante mantener una alimentación saludable, realizar actividad adecuada al perfil de cada sujeto, tener un trabajo satisfactorio, moverse en un ambiente saludable. Por otro lado, es evidente que realizar actividad física de forma regular puede minimizar las condiciones adversas asociadas al proceso de envejecimiento, entre ellas el deterioro de la capacidad funcional, mantenimiento de la independencia y movilidad, mejora del estado anímico y funcionamiento cognitivo.
LO IMPORTANTE:
• La realización de actividad física se debe hacer a través de un programa de ejercicio regular dirigido por un profesional del ejercicio y enfocado a desarrollar los componentes de la aptitud física relacionados con la salud, a mejorar la calidad de la vida mediante el aumento en la capacidad para efectuar trabajo físico y en la prevención de enfermedades o condiciones degenerativas e incapacitantes.
• El programa de entrenamiento debe seguir unos principios científicos y basarse en el resultado de la evaluación del estado de salud del participante (inventario de salud con la autoevaluación de sus hábitos o comportamientos de riesgo que afectan a su salud, examen médico y una batería de pruebas que evalúan los componentes de la aptitud física relacionados con la salud), de sus metas, y en cuanto a la disponibilidad de las facilidades.
• Un programa de ejercicio debe estar acompañado por un seguimiento nutricional que permita establecer necesidades energéticas y así mismo el cumplimiento de ellas, evitando deficiencias en macronutrientes (proteínas, carbohidratos o lípidos) o micronutrientes (vitaminas y minerales), por exceso de actividad física o bien desconocimiento de las necesidades alimentarias.
La actividad física tiene un papel central en la salud de los individuos. Los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la salud tanto física como psicológica del hombre constituyen un hecho cada vez más evidente y su estudio se ha abordado desde distintos campos profesionales, encontrándose entre ellos la Medicina, la Psicología y la Educación Física (Márquez, 1995).
Una de las principales razones que justifica la importancia de la actividad física para la salud de los individuos es el incremento del sedentarismo como componente del estilo de vida de la población occidental, provocado por la evolución tecnológica e industrial en el transcurso de este último siglo (Tomás, 1996). Evidentemente los modelos de producción de las sociedades modernas aumentan notoriamente la vida sedentaria.
El sedentarismo, actualmente reconocido como enfermedad conduce a altos niveles de morbilidad, mortalidad y longevidad, conlleva al desarrollo de enfermedades hipocinéticas con manifestaciones de obesidad, trastornos cardiovasculares, alteraciones psíquicas, lesiones traumatológicas, modificaciones en el metabolismo y otras.
Está demostrado que la actividad física reduce el riesgo de padecer afecciones cardíacas, diabetes y algunos tipos de cáncer, permite controlar mejor el peso y la salud de huesos y músculos y presenta indudables beneficios psicológicos.
El ser humano necesita un nivel suficiente de fuerza, resistencia, flexibilidad, destreza para el movimiento y equilibrio para moverse eficientemente, trabajar y actuar sin tensiones ni riesgos indebidos. Las funciones fisiológicas que determinan estas capacidades se deterioran inevitablemente con la edad. No obstante, el deterioro medio de numerosas funciones y capacidades de las personas físicamente pasivas es mucho mayor (en muchos casos cerca del doble) que el de las activas. Por otra parte, tales funciones y capacidades pueden llegar a mejorar sensiblemente mediante la actividad física hasta una edad muy avanzada.
Según el informe “Physical Activity and health” (1996), donde se resumen los resultados de numerosos estudios en la práctica de actividad física como elemento preventivo, se afirma que:
• La actividad física produce numerosos efectos fisiológicos positivos. Su influencia en los sistemas cardiovascular y musculoesquelético es notoria, pero los beneficios para el funcionamiento de los sistemas metabólico, endocrino e inmune son asimismo considerables.
• La actividad física regular y la aptitud cardiorrespiratoria reducen el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular general y por cardiopatía coronaria en particular.
• El nivel de reducción de riesgo de cardiopatía coronaria atribuible a la actividad física regular es similar al de otros factores relacionados con el estilo de vida, como la abstención al tabaquismo.
• La actividad física regular previene o retrasa el desarrollo de la hipertensión arterial y mejora la situación de las personas que ya la padecen.
Además:
• Muchos de los efectos beneficiosos de la práctica de ejercicio, tanto de las actividades de fortalecimiento como de las de resistencia, disminuyen al cabo de dos semanas si la actividad se reduce sustancialmente, y desaparecen transcurridos de dos a ocho meses si no se reanuda.
• Las personas de todas las edades y de los dos sexos experimentan adaptaciones fisiológicas favorables a la actividad física.
Los resultados de numerosas investigaciones indican que la actividad física regular asegura a las personas de todas las edades, tanto hombres como mujeres, unos beneficios evidentes para su salud física, social y mental, así como para su bienestar general, la práctica de una actividad física regular y estable ayuda a mejorar tanto la salud física como la psicológica, incrementando la calidad de vida. Se aceptan como factores determinantes de la salud la alimentación, la actividad física y hábitos nocivos como el tabaco y el alcohol. Los problemas de salud vinculados al estilo de vida pueden ser específicos de una etapa concreta, aunque también pueden estar ligados a múltiples aspectos culturales y sociales. Es por ello que se consideran necesarias las acciones de promoción de la salud vayan encaminadas al conjunto de factores determinantes de la salud ligados al estilo de vida.
Igualmente, es importante mantener una alimentación saludable, realizar actividad adecuada al perfil de cada sujeto, tener un trabajo satisfactorio, moverse en un ambiente saludable. Por otro lado, es evidente que realizar actividad física de forma regular puede minimizar las condiciones adversas asociadas al proceso de envejecimiento, entre ellas el deterioro de la capacidad funcional, mantenimiento de la independencia y movilidad, mejora del estado anímico y funcionamiento cognitivo.
LO IMPORTANTE:
• La realización de actividad física se debe hacer a través de un programa de ejercicio regular dirigido por un profesional del ejercicio y enfocado a desarrollar los componentes de la aptitud física relacionados con la salud, a mejorar la calidad de la vida mediante el aumento en la capacidad para efectuar trabajo físico y en la prevención de enfermedades o condiciones degenerativas e incapacitantes.
• El programa de entrenamiento debe seguir unos principios científicos y basarse en el resultado de la evaluación del estado de salud del participante (inventario de salud con la autoevaluación de sus hábitos o comportamientos de riesgo que afectan a su salud, examen médico y una batería de pruebas que evalúan los componentes de la aptitud física relacionados con la salud), de sus metas, y en cuanto a la disponibilidad de las facilidades.
• Un programa de ejercicio debe estar acompañado por un seguimiento nutricional que permita establecer necesidades energéticas y así mismo el cumplimiento de ellas, evitando deficiencias en macronutrientes (proteínas, carbohidratos o lípidos) o micronutrientes (vitaminas y minerales), por exceso de actividad física o bien desconocimiento de las necesidades alimentarias.
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